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Los dueños de alguna propiedad, bien sea grande o pequeña, duermen inquietos en Venezuela estos días. Desde de que la oposición ganó por estrecho margen la mayoría de los votos en las elecciones legislativas celebradas el pasado mes de septiembre, el presidente de izquierda Hugo Chávez ha entrado en una juerga de nacionalizaciones expropiando de todo, desde empresas siderúrgicas y fabricantes de vidrio hasta complejos de viviendas. Y si los trabajadores protestan, enseguida despliega la Guardia Nacional para que actúen en contra de ellos. 
El gobierno justifica las confiscaciones diciendo que trataba de acabar con los monopolios o detener violaciones de regulaciones laborales o ambientales. Pero el objetivo parece ser proceder decididamente en contra de lo que califica como “la oligarquía” antes de que el nuevo parlamento, que tiene una considerable minoría opositora, comience su período de sesiones de enero.

El 25 de octubre la filial venezolana de Owens-Illinois, un fabricante de vidrio de Estados Unidos, pasó a ser la empresa número doscientos en ser nacionalizada en lo que va de año. Como de costumbre, gerentes y trabajadores se enteraron de su suerte durante una transmisión televisiva en directo por parte del presidente, quien acusó a la empresa de explotar a sus trabajadores y arrasar con las florestas. Pero el decreto de expropiación, publicado al día siguiente, no hizo mención de estos presuntos delitos y, en su lugar, acusaba a la empresa de explotar su posición dominante en el mercado.


El propio gobierno ha admitido que ha confiscado unos tres millones de hectáreas de tierras de cultivo, y que planea apoderarse de otras 450.000 hectáreas el año que viene. Y aunque la Constitución de 1999 garantiza el derecho a la propiedad, cambios sucesivos a la ley de tierras confieren al gobierno el derecho de apropiarse de cualquier finca que le antoje, en la mayoría de los casos con poca o ninguna compensación. 

Empresas comerciales e industriales no han corrido mejor suerte. De acuerdo con Fedecámaras, desde que Chávez asumió la presidencia en 1999 cerca de 400 compañías han sido nacionalizadas, la gran mayoría de ellas en los últimos dos años. La Cámara Venezolano-Americana de Comercio asegura que los propietarios de sólo nueve de las 44 compañías miembros que han sido expropiadas este año han recibido indemnización. La Constitución establece que la expropiación no puede tener lugar sin una sentencia firme de los tribunales y una indemnización justa. En la práctica, un plumazo del presidente es todo lo que se requiere. 

El argumento oficial para las nacionalizaciones ha cambiado a lo largo de los años. Las primeras adquisiciones forzosas se justificaron en razón de que la empresa (o finca) era improductiva. Luego el gobierno decidió que áreas “estratégicas” de la economía debían pasar a manos del Estado, así que en 2007-08 se apoderó de compañías privadas en los sectores petrolero y eléctrico, así como telecomunicaciones, la industria del cemento y Sidor, una empresa siderúrgica privatizada en la década de 1990.

El gobierno también controla ahora una cuarta parte del sistema bancario. Chávez dijo recientemente que cualquier banco que se negara a “cooperar con el desarrollo nacional” mediante la asignación de créditos en función de las prioridades del gobierno también sería expropiado. Hoy en día los funcionarios de alto rango declaran abiertamente que su objetivo es implantar una economía socialista. 

Paradójicamente, pese a las adquisiciones, la cuota del Estado en el PIB se mantiene alrededor de 30%, igual que en 1998. Eso se debe en parte a que el sector privado se expandió vertiginosamente durante el auge petrolero 2004-08, pero también a que muchas empresas nacionalizadas ahora producen menos que cuando estaban en manos privadas. Gran parte de la industria alimentaria ha sido confiscada a fin de “garantizar la soberanía alimentaria”, pero el resultado ha sido un marcado incremento de las importaciones. A principios de este año, más de 130.000 toneladas de alimentos importados por PDVAL, un brazo de la empresa petrolera estatal, se encontraron en estado de descomposición en puertos y tierras baldías. 

Puede que haya una o dos excepciones. Las autoridades aseguran que la producción de Enlandes, una firma de leche nacionalizada, se ha incrementado 50% en dos años. El ministro de Ciencia declaró recientemente que la clientela de la CANTV había aumentado en 65% desde su nacionalización, aunque no ofreció detalles. Pero en general, una vez que las empresas caen en manos del Estado los niveles de personal aumentan, los precios caen y se vuelven dependientes de los subsidios del gobierno. Además, tienden a producir una gama de productos más reducida. 

La industria de la construcción se ha visto gravemente afectada por la nacionalización. Las cabillas y el cemento se han tornado más escasos (hay un próspero mercado negro en ambos). Sidor produjo 4,3 millones de toneladas de acero en su último año de propiedad privada mientras que este año aspira a producir dos millones de toneladas. Otra de las razones por la cual la construcción de complejos de viviendas se ha demorado o detenido es que el gobierno ha prohibido a las urbanizadoras ajustar los precios en función de la inflación, la cual supera 30%. A principios de este mes Chávez expropió seis inmuebles en construcción, para el horror de la mayoría de los compradores. Las inmobiliarias, afirma el presidente, son “bandidos” que no serán compensados por la confiscación. 

La historia se repite en casi todas las áreas en que el gobierno ha metido la nariz. La nacionalización del sector eléctrico contribuyó a la crisis eléctrica que ha resultado en severas medidas de racionamiento y apagones no programados en todo el país. La industria del petróleo, buena parte de la cual ya era propiedad estatal, ha sufrido una importante caída en la producción tanto de crudo como de productos refinados; en cuánto, es tema de discusión.

Las encuestas sugieren que la mayoría de los venezolanos desaprueba las nacionalizaciones y apoya la propiedad privada. Sin embargo, Chávez parece estar siguiendo los consejos de Alan Woods, un trotskista galés que se ha convertido en un asesor informal del presidente. Woods instó públicamente al presidente a responder a su revés electoral “acelerando el proceso revolucionario”, expropiando tierras, bancos y las industrias principales. Más vale que los venezolanos se preparen para más nacionalizaciones, escasez y declive económico.

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Rafael Díaz Casanova
rafael862@yahoo.com
Se comenzó con las expropiaciones de fincas agropecuarias en las que se invocó deficiencias documentales y/o subutilización de sus suelos. Ahora se “expropian” (sic) industrias, comercios y propiedades, para complacer los deseos del dictador.
Debemos insistir en el análisis de las expropiaciones a la luz de lo que impone la Constitución de 1999.

El artículo 115 de dicho documento establece que “Sólo por causa de utilidad pública o interés social, mediante sentencia firme y pago oportuno de justa compensación, podrá ser declarada la expropiación de cualquier clase de bienes”. No se necesita ser abogado para entender que no se están respetando los derechos de los ciudadanos ni lo que expresa la carta magna.

  Además, el citado artículo 115 está contenido en el capítulo VII que nos regula los Derechos Económicos de los ciudadanos que están sometidos a la jurisdicción de la Constitución, es decir, a TODOS los venezolanos, comenzando por el presidente de la República.
Las incautaciones y/o confiscaciones, que también están tratadas en el mismo capítulo, en el artículo siguiente, es todavía más específico pues limita estas acciones UNICAMENTE a los casos que la misma Constitución establece.
La realidad que hemos vivido durante los últimos años es absolutamente diferente. El régimen ha invocado unilateralmente un derecho inexistente con el que se permite expropiar todo cuanto el dictador desea e intuimos que no existe, dentro del país, un tribunal que se digne a contradecirlo.
En consecuencia, si lo que está sucediendo en Venezuela no cumple con los extremos legales y constitucionales para que se ubique en la categoría de expropiaciones y tampoco puede catalogarse ni está previsto en la Constitución como causa de confiscación o incautación, debemos concluir que solo es posible denominarlo ROBO.

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Trabajadores de Owens Illinois Venezuela

Ante la declaración de expropiación de nuestra empresa Owens Illinois, queremos expresar lo siguiente:


1) Rechazamos categóricamente la declaración de expropiación de le empresa Owens Illinois de Venezuela C.A., la que tiene 52 años en cumplimiento de su objeto, beneficiando al trabajador venezolano.


2) El ambiente de trabajo en el cual laboramos es de paz y armonía y las condiciones generales de trabajo son superiores al promedio del mercado laboral y hoy, nuestros dirigentes sindicales se encuentran discutiendo un nuevo proyecto de convención colectiva, del cual se han aprobado mas de 85% de sus clausulas, lo que implica mejoras sustanciales.





3) Estamos identificados con la empresa por el trato digno y humano del cual somos sujetos.

4) Realizamos nuestro trabajo enfocados en el desarrollo profesional, personal y familiar, donde la voz del trabajador es lo mas importante en la relación trabajador – empresa.

5) Es imprescindible para Owens Illinois la cultura de bienestar social de la comunidad, de nuestras familias, como célula fundamental de la sociedad, en fin, somos ejemplo de la responsabilidad social empresarial.   

6) Nuestra actividad es constante en la consecución de la preservación del ambiente y sus recursos naturales, siendo emulados en las iniciativas de ejecución de programas de conservación ambiental y reciclaje. 

Estamos convencidos que el país se construye trabajando y por eso estamos comprometidos a seguir laborando en Owens Illinois de Venezuela C.A.

Los Guayos, 26/10/2010.
Los Trabajadores.  

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El Gobierno venezolano ha ejecutado 762 expropiaciones desde 2005 al 2009 en zonas rurales y urbanas del país, con una tendencia ascendente especialmente en el último año cuando se registraron 374 casos, según un estudio privado divulgado por la prensa local.

El Observatorio del Derecho de Propiedad, promovido por la Asociación Civil Liderazgo y Visión, indicó que las tomas forzosas de terrenos y empresas crecieron un "1.026 por ciento" en los últimos cuatro años, al pasar de 23 en 2005 a 374 en 2009.

Según el coordinador del estudio, Felipe Benites, la mayoría de esas acciones gubernamentales han "incumplido las leyes y la Constitución de 1999", porque a su juicio se han realizado "por vía de hecho", con la "presencia activa o pasiva de la Fuerza Armada, en una actuación estatal violenta, sin base jurídica e injustificada".

La tendencia al alza de las expropiaciones en los últimos años "denotan lo vulnerable que está la situación de la propiedad privada en Venezuela", añadió Benites, según publicó este miércoles el diario El Nacional de Caracas.

"No existe ningún elemento que haga pensar que la situación mejorará", por el contrario se espera que el Gobierno del presidente venezolano, Hugo Chávez, radicalizará este año su política de nacionalizaciones especialmente en el comercio y la industria, dijo Benites.

En lo que va de 2010, Chávez ha decretado la expropiación de la cadena de hipermercados Éxito, controlada por el grupo francés Casino; de unos galpones de Polar, la principal empresa productora y procesadora de alimentos del país, y de la empresa de alimentos Monaca, participada mayoritariamente por el grupo mexicano Gruma.

Benites señaló que la plan de nacionalizaciones que desarrolla la "revolución" socialista de Chávez está guiado principalmente por el pulso político y electoral del país.

"Las violaciones a la propiedad" se han "acelerado" especialmente después de que el Gobierno ha obtenido triunfos electorales, y, por el contrario, se han reducido cuando ese resultado le ha sido adverso, afirmó Benites.

 
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